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Audífonos

Gafas y audífonos a la vez: cómo hacer que convivan

Detrás de la oreja caben las dos cosas, pero solo si alguien las ha pensado juntas. Qué decidir antes de comprar y en qué orden se colocan.

Equipo de MODALENT
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7 min de lectura

Detrás de la oreja hay poco más de un centímetro de sitio. Ahí quiere ir la patilla de las gafas y ahí quiere ir el audífono. Cuando nadie ha pensado los dos aparatos a la vez, el resultado se nota el primer día: la patilla levanta el audífono, el audífono pita al ponerse las gafas, y uno de los dos acaba en el suelo cada vez que usted se quita las gafas para leer.

No es un problema del audífono ni de la montura. Es un problema de orden: casi siempre se compran en sitios distintos, con meses de diferencia, y sin que nadie mida el hueco que va a quedar.

Por qué se estorban

El audífono retroauricular y el RIC apoyan su cuerpo sobre el surco que hay entre la oreja y el cráneo. La patilla de las gafas apoya en ese mismo surco. Si la patilla es gruesa, empuja el audífono hacia fuera y lo despega de la piel. Con el audífono despegado ocurren dos cosas.

La primera es que se mueve. Deja de asentarse igual, el tubo o el cable tira del molde, y el sonido cambia de un rato a otro sin que usted haya tocado nada.

La segunda es el pitido. El acople acústico aparece cuando el sonido amplificado se escapa del canal y vuelve a entrar por el micrófono. Una patilla ancha pegada al micrófono del audífono actúa como pared: rebota el sonido y lo devuelve. Mucha gente cree que el audífono “se ha estropeado” cuando lo único que ha cambiado es que ese día lleva otras gafas.

Hay un tercer detalle que solo aparece con el uso. El codo de la patilla, la curva que baja detrás de la oreja, es lo que engancha el audífono al quitarse las gafas de un tirón. Los audífonos que se caen al suelo casi nunca se caen andando por la calle. Se caen en el gesto de quitarse las gafas.

La decisión que casi nadie toma a tiempo

Elegir la montura y el audífono el mismo día, con la misma persona delante.

Suena obvio y es rarísimo. Lo normal es comprar los audífonos en un centro auditivo, las gafas en una óptica, y descubrir la incompatibilidad en casa. Cuando las dos cosas se adaptan bajo el mismo techo, la conversación cambia: primero se mide qué formato de audífono necesita su pérdida auditiva, y después se busca la montura que quepa al lado. O al revés, si usted ya tiene una montura a la que no piensa renunciar.

Este es, honestamente, el único punto de este artículo que no podríamos firmar si en MODALENT no tuviéramos el gabinete de audiología y el de optometría en el mismo local. Todo lo demás lo puede leer en cualquier sitio. Esto no.

Qué pedir en la montura

  • Patilla fina. El titanio permite grosores que el acetato no alcanza sin partirse. Una patilla de titanio de sección estrecha deja al audífono su sitio y pesa poco sobre el puente de la nariz, que es la otra cosa que se resiente a partir de los sesenta.
  • Patilla recta o de curva suave. Cuanto menos gancho tenga el final de la patilla, menos posibilidades hay de enredarlo con el audífono al quitarse las gafas.
  • Terminal flexible. El final de la patilla debe poder ajustarse con calor sin cambiar la altura a la que apoya. Ahí se gana o se pierde el milímetro que decide todo.
  • Bisagra sin muelle grueso. El muelle está justo en la zona que roza el micrófono del audífono.
  • Evite las patillas de pala. Las patillas anchas, muy de moda en gafas de sol, son las peores compañeras posibles de un retroauricular.
  • Peso repartido. Si la montura pesa, usted la recolocará cincuenta veces al día, y cada recolocación mueve el audífono.

Qué formato de audífono facilita la convivencia

El RIC es el formato más usado hoy y el más compatible: el cuerpo que va detrás de la oreja es estrecho porque el altavoz está dentro del canal, no en la carcasa. Con una patilla fina caben los dos sin tocarse.

El retroauricular clásico (BTE) es más voluminoso porque aloja el amplificador completo. A cambio da más potencia y aguanta mejor el cerumen y la humedad, según recoge el instituto nacional estadounidense de sordera y trastornos de la comunicación. Si su pérdida auditiva pide esa potencia, la montura tendrá que adaptarse a él y no al revés.

Los intraauriculares (ITE, ITC, CIC) resuelven el conflicto por eliminación: no hay nada detrás de la oreja. Pero conviene saber lo que se deja por el camino. Son más difíciles de manipular con los dedos, tienen menos espacio para pila y para controles, no siempre existen en versión recargable y están más expuestos al cerumen y a la humedad del canal. El mismo organismo advierte de que pueden resultar difíciles de colocar y retirar. Si usted tiene artrosis en las manos o poca visión de cerca sin gafas, y va a manejar el audífono precisamente cuando no lleva las gafas puestas, ese detalle pesa más de lo que parece.

El orden correcto

Es una tontería que cambia el día entero.

  1. Para ponerse: primero los audífonos, después las gafas.
  2. Para quitarse: primero las gafas, después los audífonos.

Las gafas se ponen y se quitan muchas más veces al día que los audífonos. Si el audífono ya está colocado y asentado, la patilla se desliza por encima sin arrastrarlo. Si lo hace al revés, cada vez que se ponga las gafas estará recolocando también el audífono.

Y quítese las gafas con las dos manos, sujetando por las dos patillas a la vez. El tirón con una mano es lo que manda los audífonos al suelo.

Qué pedirle al optometrista

Si usted ya lleva audífonos, dígalo antes de que le tomen ninguna medida. Hay tres cosas concretas que pedir:

  • Que le ajusten la montura con los audífonos puestos. No después, no “en casa ya se acostumbra”. Con los aparatos colocados, delante del espejo, comprobando que la patilla no los desplaza.
  • Que tomen la altura de montaje de las progresivas con los audífonos puestos. Los audífonos cambian de forma sutil cómo apoya la montura. Un par de milímetros de diferencia en la altura de la lente progresiva se traducen en tener que levantar la barbilla para leer.
  • Que le miren el conducto auditivo. Un tapón de cerumen no da síntomas hasta que da todos a la vez: el audífono pita, se oye menos y nadie sabe por qué.

Las gafas de sol cuentan igual

En la Costa Cálida las gafas de sol no son un accesorio de agosto: se llevan de febrero a noviembre. Y suelen ser justo el modelo con la patilla más gruesa del armario. Si usted lleva audífonos, elija la de sol con el mismo criterio que la graduada, y pruébeselas con los aparatos puestos antes de pagarlas.

Lo mismo vale para las gafas de nadar, para la gorra y para la mascarilla en la consulta del médico. Todo lo que pasa por detrás de la oreja compite por el mismo centímetro.

Cuándo volver a revisarlo

La oreja no cambia, pero la montura sí. Las patillas se abren con el uso, los terminales pierden la forma que se les dio con calor y la nariz cede. Al cabo de unos meses, unas gafas que convivían bien con los audífonos han empezado a empujarlos sin que usted lo haya notado, porque el cambio ha sido de un milímetro por semana.

Si últimamente le pita un audífono con las gafas puestas y no sin ellas, o si nota que oye distinto según qué gafas lleve, no es cosa suya. Es geometría, y se arregla en una visita.

En Puerto de Mazarrón puede traernos las gafas y los audífonos que ya tiene, sean de donde sean, y verlos juntos en la misma silla. Es media hora y no hace falta comprar nada.

Fuentes

  1. NIDCD — Hearing Aids (tipos y características)
  2. NIDCD — Age-Related Hearing Loss (Presbycusis)

La información de esta web es divulgativa y no sustituye a una consulta profesional. Ante cualquier síntoma, acuda a su óptico-optometrista, audioprotesista o médico.