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MODALENT — Óptica · Audiologíadesde 1988
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El centro

Una óptica en la calle Hernán Cortés desde hace más de treinta años, con gabinete audiológico propio desde hace más de veinticinco. Somos tres personas en un solo local, y le atiende siempre alguna de las tres.

Óptica
Más de 30 años
Gabinete audiológico
Más de 25 años
Equipo
Tres personas
Pedir citaLe llamamos para confirmar el día y la hora. Sin compromiso.
Interior de la óptica, con las estanterías de monturas y el mostrador al fondo

Quién responde de esto

La titular es María Jesús Pérez García. La óptica lleva abierta en esta misma calle más de treinta años, y el gabinete audiológico lo abrió ella hace más de veinticinco para completar lo que ya se hacía aquí en óptica.

Somos tres: dos optometristas-audiólogos y una auxiliar de óptica. Quien le gradúa la vista es quien le adapta el audífono, y es la misma persona que le atiende cuando vuelve a ajustarlo dos años después.

No publicamos premios ni número de clientes. Lo que se puede comprobar es lo que hay dentro del local y lo que se hace con ello, y de eso va el resto de esta página.

Qué entendemos por adaptar un audífono

Hay centros auditivos cuyo trabajo empieza y termina en colocar un aparato. Aquí el trabajo es ocuparnos de cómo oye usted, y eso incluye decirle que no necesita audífonos el día que no los necesita.

Cuando sí hacen falta, el aparato es la parte fácil. Lo que decide si va a llevarlos puestos o a guardarlos en un cajón es la adaptación: las medidas dentro de su propio oído, el molde y los ajustes de las primeras semanas. El mejor audífono del catálogo mal adaptado rinde menos que uno modesto bien ajustado.

Por eso el compromiso que adquirimos con usted no es con una marca. Trabajamos con varias y elegimos según lo que dice su audiograma y según cómo vive usted.

El gabinete audiológico

Aquí hay dos capas de silencio. El gabinete entero está insonorizado, y dentro está la cabina, que es una sala insonorizada de verdad y no un rincón tranquilo del local. Sin eso los umbrales que se midan no valen, porque el ruido de la calle tapa justo los sonidos flojos que hay que medir.

Estas son las once pruebas que se pueden hacer en esa cabina. Es la diferencia entre un audiograma de diez minutos y una hora de mediciones.

  • Otoscopia. Miramos el conducto y el tímpano con una cámara antes de nada. Lo que parece una pérdida repentina muchas veces es solo un tapón de cera.
  • Audiometría tonal por vía aérea y ósea. Dibuja el pitido más flojo que usted oye en cada tono. Comparar el aire con el hueso señala en qué parte del oído está la pérdida.
  • Umbral de disconfort (UCL). Marca a partir de qué volumen el sonido le molesta. Es el techo con el que se programa el audífono para que no le grite.
  • Timpanometría. Mide cómo se mueve el tímpano. Distingue un problema del oído medio —líquido, presión— de uno del nervio.
  • Reflejo estapedial ipsi y contralateral. El oído tiene un músculo que se tensa solo ante un ruido fuerte. Ver si responde en cada lado añade información que la audiometría no da.
  • Latencia de reflejos. Cronometra cuánto tarda ese músculo en reaccionar y cuánto aguanta tenso. Un tiempo fuera de lo habitual es motivo para derivarle a su médico.
  • Función de la trompa de Eustaquio. Comprueba si el conducto que iguala la presión del oído abre bien. Es el que explica el oído taponado en el avión o con un resfriado.
  • Logoaudiometría. Mide cuántas palabras entiende usted, no solo cuánto oye. Es la prueba que contesta al «le oigo, pero no le entiendo».
  • Enmascaramientos. Se entretiene al oído bueno con un ruido suave para que no conteste por el otro. Sin esto, un oído sano disimula la pérdida del contrario.
  • Pruebas supraliminares. Miran cómo le crece el volumen por encima de lo que apenas oye. Explican que un sonido pase de no oírse a molestar sin término medio.
  • Pruebas en campo libre. El sonido sale por altavoz, sin cascos y con los audífonos puestos. Enseña lo que ha ganado usted en una situación parecida a la de la calle.

Con qué se hacen

El instrumental de un gabinete no suele contarse porque se da por supuesto. Conviene no darlo por supuesto: la mitad de estos aparatos no están en un mostrador de cadena.

  • Audiómetro de diagnóstico. No es el aparato de cribado de dos botones, sino uno de gama clínica: es lo que permite hacer las once pruebas de la lista de al lado.
  • Timpanómetro. Cambia la presión dentro del conducto y registra cómo responde el tímpano. Dura unos segundos y no duele.
  • Analizador de audífonos. Un banco de pruebas para el propio audífono. Si un aparato rinde menos que el día que salió de fábrica, se ve aquí antes de que usted lo note.
  • Equipo de medida en oído real (REM). Con una sonda fina dentro del oído, comprueba lo que de verdad llega a su tímpano con el audífono puesto, no lo que dice el fabricante que llega.
  • Cabina insonorizada. Una sala aislada del ruido de la calle. Sin ella, el resultado depende de si en ese momento pasaba una moto por delante.
  • Simulación de entornos sonoros. Reproduce dentro de la cabina un restaurante, la playa o una reunión. Usted juzga el audífono en su vida, no en el silencio.

El gabinete de óptica

La revisión visual se hace en sala aparte, con butaca y foróptero. Se mide la graduación, se explora la salud ocular y se toma la presión intraocular.

Si trae gafas compradas en otro sitio o una graduación emitida en otro país, las leemos con el frontofocómetro y partimos de ahí. No hace falta que traiga receta de ningún médico.

Lo que queda escrito de usted

Su graduación, sus distancias, la altura de montaje de sus progresivas y sus audiogramas anteriores quedan en su ficha, visita tras visita.

Sirve para dos cosas concretas. Un audiograma de hoy comparado con el de hace tres años dice mucho más que el de hoy solo. Y una montura nueva se monta con las medidas que ya sabemos que le funcionan, en vez de empezar de cero cada vez.

En qué idiomas se atiende

En español, inglés y alemán. Buena parte de quien entra por esta puerta es residente extranjero, y la duda con la que llega casi nunca es el precio: es si va a poder explicar lo que le pasa y entender lo que le contesten.

Dígalo al pedir la cita y le asignamos a la persona que habla su idioma. En una prueba de comprensión del habla eso no es cortesía, es parte de la medición.

Preguntas frecuentes

¿Hace falta pedir cita?

Para comprar unas gafas de sol o recoger un encargo, no. Para cualquier prueba, sí: somos tres personas y la cabina está ocupada buena parte del día. Puede llamar o pedirla desde esta web.

¿Puedo llevarme mi graduación o mi audiograma a otro sitio?

Sí. Los informes son suyos y se los damos en papel sin que haya que pedirlos dos veces. Comparar presupuestos nos parece razonable.

¿Revisan audífonos comprados en otro sitio?

Sí, sean de la marca que sean. Los pasamos por el analizador para ver si siguen rindiendo lo que rendían de fábrica y comprobamos en su oído lo que de verdad le está llegando.

La información de esta web es divulgativa y no sustituye a una consulta profesional. Ante cualquier síntoma, acuda a su óptico-optometrista, audioprotesista o médico.