Lentes de contacto
Una lentilla no se compra, se adapta. Su graduación es el punto de partida; lo que decide cuál le sirve es la forma de su córnea, la lágrima que fabrica y las horas que va a llevarla puesta.
La misma dioptría, dos ojos distintos, dos lentes distintas
La graduación de la gafa no se traslada tal cual a una lentilla. La lente de la gafa está a doce milímetros del ojo y la de contacto se apoya encima, y esa diferencia cambia el número a partir de cierta potencia.
Después hay que medir lo que la gafa nunca necesita: la curvatura de la córnea, su diámetro, cómo se reparte la lágrima al parpadear y cuánto tarda en romperse esa película. De ahí sale el material, el radio y el reemplazo.
La prueba termina con la lente puesta y usted mirando por ella un rato, no en el mostrador. Que vea bien es la mitad; la otra mitad es que a las seis horas siga cómoda.
Lentillas y agua: la regla que menos gusta aquí
El mar, la piscina, el jacuzzi y la ducha. En los cuatro sitios el agua lleva microorganismos, y la lentilla los mantiene apretados contra la córnea durante horas. Es la vía de entrada de las queratitis más difíciles de tratar, y por eso ningún adaptador serio le va a decir que se bañe con ellas.
Vivir al lado de la playa convierte esa regla en la más incumplida de todas. Si va a bañarse igualmente, hágalo con lentes diarias y gafas de natación, y tire esas lentes al salir del agua en lugar de guardarlas.
La alternativa que menos molesta suele ser otra: gafa de sol graduada para el día de playa y las lentillas para el resto. Se lo planteamos así porque decirle que no se bañe nunca no sirve de nada.
En esta costa el ojo se seca antes
Viento, salitre, muchas horas de luz y aire acondicionado de mayo a octubre. Es una combinación que evapora la lágrima más deprisa, y la lentilla necesita esa lágrima para no pegarse a la córnea.
Se nota en cosas concretas: la visión se emborrona y se aclara al parpadear, escuece a media tarde, y la lente que por la mañana no se sentía a las siete horas pide que se la quite.
Con eso se trabaja: se cambia el material o la frecuencia de reemplazo, se ajustan las horas de uso, se añade lubricante sin conservantes. Y a veces la respuesta honesta es lentillas por la mañana y gafa a partir de las seis.
A partir de los cuarenta y cinco
La presbicia no impide llevar lentillas, pero cambia la conversación. Las multifocales reparten lejos y cerca en la misma lente, y funcionan bien en la mayoría de las situaciones a cambio de un poco de nitidez con letra muy pequeña o luz muy escasa.
La otra vía es corregir un ojo para lejos y el otro para cerca. A unas personas les resulta natural en una semana y a otras no les convence nunca. Se prueba antes de comprar nada, porque esto no se decide leyendo un folleto.
La revisión que casi nadie pide
La lentilla que ya no se nota es precisamente la que conviene revisar. La córnea avisa tarde y mal, y un ojo que se ha ido acostumbrando a menos oxígeno no duele.
En la revisión miramos el ojo con la lente puesta y sin ella, comprobamos que sigue moviéndose como debe y repasamos con usted cómo la limpia y cuántas veces estira la vida de un líquido. Ahí aparecen la mitad de los problemas.
Preguntas frecuentes
Nunca me he puesto una. ¿Voy a saber?
Va a aprender aquí, con nosotros delante y sin prisa. No sale por la puerta hasta que se la pone y se la quita usted solo dos veces seguidas. Casi todo el mundo lo consigue en la misma sesión, y quien no, vuelve otro día a practicar.
¿Puedo dormir con ellas puestas?
Solo con las que están diseñadas y adaptadas para eso, y aun así hay que valorarlo caso por caso. Con una lente de uso diario, no: el ojo cerrado recibe menos oxígeno y la lente le quita otro poco.
Tengo astigmatismo y me dijeron que no podía llevarlas.
Eso era cierto hace bastantes años. Hoy existen lentes tóricas blandas que llevan el eje incorporado y se estabilizan solas en el ojo, y para astigmatismos altos o irregulares están las lentes rígidas y las esclerales.
Solo las quiero para una boda y algún fin de semana.
Entonces le interesan las diarias: se abren, se usan y se tiran, sin líquidos ni estuche que caduquen en un cajón. Se adaptan igual que cualquier otra, porque un ojo que solo las lleva un día también tiene que llevarlas bien.
¿Se me puede ir detrás del ojo?
No. La conjuntiva se dobla por detrás del párpado y cierra el paso, así que no hay por dónde. Puede desplazarse hacia arriba y esconderse un rato bajo el párpado, y eso se resuelve con lágrima artificial y paciencia. Si no aparece, venga y la sacamos.
La información de esta web es divulgativa y no sustituye a una consulta profesional. Ante cualquier síntoma, acuda a su óptico-optometrista, audioprotesista o médico.