Revisión visual completa
No consiste en leer letras hasta que se cansa. Medimos cómo enfoca, cómo trabajan sus dos ojos juntos y a cuánta presión está el ojo, y usted sale con todo por escrito, compre aquí o no compre nada.
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La graduación es el resultado, no la prueba
El número que acaba en la receta sale de una cadena de medidas. Primero, cuánto se desvía cada ojo de su punto de enfoque. Después, cómo se reparte el trabajo entre los dos, que es lo que decide si al cabo de veinte minutos leyendo le duele la cabeza.
A eso se añade la presión intraocular y una exploración del ojo por delante y por detrás. Un ojo que ve la última línea del optotipo puede tener algo que mirar, y al revés: una visión regular puede deberse a una lente rayada.
Le preguntaremos cosas que no parecen de la vista
A qué distancia tiene la pantalla. Si conduce de noche por la carretera de la costa. Si cose, si pesca, si lee en la cama. Cuántas horas pasa al sol y si el aire acondicionado le deja los ojos secos a media tarde.
Dos personas con la misma graduación necesitan lentes distintas según cómo vivan. Esa media hora de conversación es lo que separa una gafa que se usa de una gafa que acaba en un cajón del recibidor.
Si ya lleva gafas, venga con ellas puestas
Lo primero que hacemos con ellas es medirlas: qué graduación llevan de verdad, cómo están centradas y cómo se apoyan en su cara. Comparar la gafa que trae con la medida nueva explica la mitad de las quejas que llegan al mostrador.
Traiga también las de sol graduadas y las de cerca, si tiene varias. Sirven para ver qué usa usted en la práctica, que no siempre coincide con lo que compró.
Qué se lleva de aquí
Todo lo que medimos queda anotado en su ficha y se compara con lo de la vez anterior. Esa serie de datos a lo largo de los años es más útil que cualquier medida suelta, y es suya.
- Su graduación por escrito, para llevarla donde quiera
- El valor de su presión intraocular, con el de la revisión anterior al lado
- La medida de las gafas que ya usa y en qué estado están
- Si procede, un informe de derivación para el oftalmólogo
- Ninguna obligación de comprar nada, ese día ni nunca
Preguntas frecuentes
¿Gratuita de verdad? ¿Dónde está la trampa?
No hay trampa y no hay letra pequeña. La revisión no se cobra y no obliga a nada: si decide comprar las gafas en otro sitio, se va con su graduación por escrito igual. Vivimos de que la gente vuelva, no de cobrar la primera visita.
¿Pueden decirme si tengo cataratas o glaucoma?
No. Podemos ver signos y medir la presión, pero el diagnóstico es del oftalmólogo. Cuando encontramos algo que requiere valoración oftalmológica, se lo explicamos, se lo damos por escrito y le decimos a quién llevarlo.
Me operaron de cataratas hace años. ¿Sirve igual?
Sirve, y dígalo al llegar. Una lente intraocular cambia cómo se interpretan varias de las medidas, y también cambia lo que tiene sentido recomendarle después. Lo mismo con la cirugía láser o con cualquier tratamiento ocular que siga.
¿Puedo acompañar a mi madre y quedarme con ella?
Es lo más práctico, sobre todo si es usted quien va a hacer las preguntas. En el gabinete cabe un acompañante, y las opciones se explican delante de los dos para que nadie se quede a medias.
¿Tengo que preparar algo?
Traiga las gafas que usa y, si toma colirios o alguna medicación, el nombre. Hay tratamientos que resecan la lágrima o afectan al enfoque, y saberlo cambia lo que le vamos a recomendar.
La información de esta web es divulgativa y no sustituye a una consulta profesional. Ante cualquier síntoma, acuda a su óptico-optometrista, audioprotesista o médico.